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Boletines de Prensa & Declaraciones

Declaraciones del Presidente sobre el fallecimiento del personal de la embajada de EE.UU. en Libia

  EL PRESIDENTE: Buenos días.  Todos los días, alrededor del mundo, los diplomáticos y los civiles estadounidenses trabajan infatigablemente para promover los intereses y los valores de nuestra nación.  Con frecuencia, ellos se encuentran lejos de sus familias.  A veces, ellos enfrentan graves peligros.

Ayer, cuatro de estos extraordinarios estadounidenses resultaron muertos en un ataque a nuestra posta diplomática en Bengasi.  Entre los que perdieron la vida se encontraba nuestro Embajador, Chris Stevens, así como el funcionario del Servicio Extranjero Sean Smith.  Aun estamos en el proceso de notificar a las familias de los otros que perdieron sus vidas.  Y, hoy, el pueblo americano se mantiene unido para tener presente a las familias de los cuatro estadounidenses en nuestros pensamientos y en nuestras oraciones.

Estados Unidos reprueba de la manera más enérgica este ataque tan flagrante y espantoso.  Estamos colaborando con el gobierno de Libia para mantener la seguridad de nuestros diplomáticos.  También le he dado instrucciones a mi Administración para que aumente nuestra seguridad en las postas diplomáticas en todas partes del mundo.  Y no nos quede duda alguna de que colaboraremos con el gobierno libio para denunciar a los asesinos que atacaron a nuestra gente.

Desde la fundación de Estados Unidos, esta ha sido una nación que respeta a todas las religiones.  Rechazamos todos los esfuerzos por denigrar las creencias religiosas de los demás.  Sin embargo, no existe justificación alguna para este tipo de violencia insensata.  Ninguna.  El mundo tiene que unir fuerzas para rechazar firmemente estos actos brutales.

Ya hay muchos libios que se han unido a nosotros para hacerlo, y este ataque no romperá los lazos que existen entre los Estados Unidos y Libia.  El personal de seguridad de Libia luchó contra los agresores conjuntamente con los estadounidenses.  Los libios ayudaron a algunos de nuestros diplomáticos a refugiarse y también llevaron el cuerpo inerte del Embajador Stevens al hospital donde supimos trágicamente que había fallecido.

Resulta sumamente trágico que Chris Stevens haya muerto en Bengasi, ya que es una ciudad que él ayudó a salvar.  En los momentos críticos de la revolución libia, Chris lideró nuestra posta diplomática en Bengasi.  Con su característica habilidad, valentía y resolución, este estableció alianzas con los revolucionarios libios, y los ayudó en su planeación de la reconstrucción de Libia.  Cuando el régimen de Qaddafi se vino abajo, Chris estuvo presente para ser nuestro embajador en la nueva Libia, y trabajó incansablemente para apoyar a esa joven democracia, y pienso que tanto la Secretaria Clinton como yo confiamos grandemente en su conocimiento de la situación que existía allí en esos momentos.  Él fue un modelo a seguir para todos los que trabajaron con él y para los jóvenes diplomáticos que aspiran a seguir sus huellas.

Conjuntamente con sus colegas, Chris falleció en un país que continúa esforzándose por resurgir de la reciente experiencia de la guerra.  En el día de hoy, la pérdida de estos cuatro estadounidenses está fresca, pero nuestros recuerdos de ellos perdurarán.  No tengo la menor duda de que su legado se seguirá manifestando a través del trabajo que ellos realizaron lejos de nuestras costas y en los corazones de aquellos que los aman aquí en nuestro país.

     Desde luego que ayer ya era un día difícil para nuestra nación pues conmemorábamos el recuerdo solemne de los ataques del 9/11.  Nos enlutamos con las familias que se perdieron ese día.  Yo visité las tumbas de las tropas que hicieron el sacrificio máximo en Irak y en Afganistán en los venerados terrenos del Cementerio de Arlington, y tuve la oportunidad de darles las gracias y visitar a algunos de nuestros soldados heridos en el hospital Walter Reed.  Y entonces, anoche, tuvimos la noticia de este ataque en Bengasi. 

     Como estadounidenses, no olvidemos nunca jamás que nuestra libertad solo se mantiene porque hay gente que está dispuesta a luchar por ella, a defenderla y, en ciertos casos, a entregar sus vidas por ella.  Nuestro país es solo tan fuerte como la naturaleza de nuestra gente y el servicio de aquellos civiles y militares que nos representan alrededor del mundo.

     Ningún acto de terror estremecerá la resolución de esta gran nación, ni modificará su naturaleza, ni eclipsará la luz de los valores que nos simbolizan.  Hoy lloramos a cuatro más estadounidenses que representan lo mejor de lo mejor de los Estados Unidos de América.  No vacilaremos en nuestro compromiso a comprobar que se haga justicia por este acto tan terrible.  Y no quede la menor duda de que se hará justicia.

     Sin embargo, también sabemos que las vidas que llevaban estos estadounidenses hacen un marcado contraste con la de quienes los atacaron.  Estos cuatro estadounidenses defendían la libertad y la dignidad humana.  Ellos deben hacer sentirse a todos los estadounidenses sumamente orgullosos del país al que ellos servían, y darles la esperanza de que nuestra bandera represente a la gente alrededor del mundo que también aspira a vivir en libertad y con dignidad.

     Sufrimos con sus familias, pero mantengamos vivo su recuerdo, y continuemos su labor de hacer más fuerte a EE.UU. y un mejor mundo para todos nuestros hijos.

     Muchas gracias.  Que Dios bendiga la memoria de los que perdimos y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.